Por Rita Magaña Torres
Entre sollozos, la senadora del PVEM, Juanita Guerra Mena, explicó que acudió al salón de belleza por una invitación hecha desde hace aproximadamente un año, al dejar en claro que no fue un privilegio ni un servicio gratuito, como tampoco una falta a su trabajo legislativo.
La operación de un salón de belleza dentro del Senado desató una controversia legislativa, tras difundirse un video donde aparece la Juanita Guerra Mena, aplicándose un tinte en el cabello durante una jornada de trabajo legislativo.
Más allá del servicio, el episodio descubrió la ausencia de respaldo y solidaridad entre las senadoras, incluso entre quienes —según la legisladora—impulsaron o utilizar el espacio.
En entrevista con reporteros que cubren las actividades sollozando Juanita Guerra confirmó que acudió al salón de belleza el pasado 4 de febrero y por el servicio prestado pagó 500 pesos, el cual corresponde a una tarifa establecida.
Afirmó que el servicio fue de solo 20 minutos y no incurrió en ninguna falta, incluso pidió la revisión de las cámaras de seguridad instaladas en la Cámara Alta, a fin de que se pueda demostrar que trabajó el resto del día en el recinto legislativo.
“No me parece poco ni mucho, es lo que me cobraron. Yo hablo con la verdad”, señaló la senadora PVEM.
Afirmó que recibió amenazadas y fue víctima de agresiones, hechos que ya denunció ante la Fiscalía General de la República y autoridades estatales, incluso no cree en las casualidades y que la grabación forma parte de una estrategia para desacreditarla.
“No es justo que utilicen una imagen para denostar mi trabajo. Yo siempre he dado la cara”, subrayó.
Como muestra de congruencia, la senadora afirmó que solicitó a la Mesa Directiva que, si se considera que cometió una falta, se le descuente el día completo de dieta, aunque reiteró que la ley no contempla sanciones por minutos u horas.
Sin embargo, insistió en que el tema central no debería ser su imagen personal, sino la falta de transparencia en la autorización del servicio y el silencio de quienes participaron.
El caso del salón de belleza no solo abrió un debate sobre el uso de instalaciones del Senado, sino también evidenció fracturas internas entre legisladoras, particularmente en materia de respaldo político y solidaridad de género.
“Mis compañeras no han sido solidarias. Quienes gritaron, quienes señalaron, no han dado la cara”, reclamó Guerra Mena.
Insistió en que no fue un privilegio ni un servicio gratuito, y que su asistencia se dio tras una invitación hecha desde hace aproximadamente un año.
Uno de los puntos más sensibles del caso fue cuando la legisladora aseguró que la invitación al salón de belleza provino de senadoras de otros grupos parlamentarios, particularmente de Morena, aunque evitó dar nombres y pidió que sean las propias coordinaciones quienes aclaren quién autorizó la instalación del servicio, quién fijó las tarifas y quién llevó al personal que lo opera.
Pese a ello, Guerra Mena lamentó que ninguna de las senadoras involucradas haya salido públicamente a respaldarla o siquiera a aclarar los hechos, lo que calificó como una falta de sororidad.
“Me ha dado mucha tristeza que en lugar de tener solidaridad, ni siquiera una pregunta me hayan hecho. No han salido a decir quiénes fuimos invitadas ni quién lo organizó”, expresó.
La legisladora del verde ecologista fue más allá y acusó que quienes hoy guardan silencio o se deslindan son las mismas que conocían y utilizaron el lugar, pero que ahora niegan su existencia, dejándola sola frente al escándalo mediático.
Guerra Mena también vinculó la difusión del video con una campaña de hostigamiento en su contra, derivada —según dijo— de sus denuncias contra autoridades municipales y estatales en Morelos por presuntos actos de corrupción, extorsión y violencia.














