De cara a las elecciones de 2027, la llamada Cuarta Transformación enfrenta tensiones internas que podrían afectar su cohesión política. La unidad del movimiento parece presionada por intereses de grupo y aspiraciones personales.
A 16 meses de elegir a 500 diputados federales, más de mil locales, 680 ayuntamientos y 17 gubernaturas, el ambiente dentro del movimiento es de desafíos, descontrol e incertidumbre sobre cómo transitarán hacia el proceso electoral sin fracturas.
Los hechos recientes ilustran este escenario:
1. Reforma electoral en duda: el 11 de agosto del año pasado, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció la creación y el inicio de los trabajos de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral con el propósito de consultar, analizar y proponer cambios al sistema electoral mexicano. Sin embargo, el proyecto no ha avanzado ante las diferencias entre los partidos aliados -del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM)- particularmente en temas como la asignación de plurinominales y el financiamiento público a los partidos.
2. Debate sobre nepotismo: pese a que el Consejo Nacional de Morena acordó en mayo de 2025 -tras la reforma que prohíbe el nepotismo a partir de 2030- adoptar la propuesta de la presidenta Sheinbaum para frenar esa práctica y acabar con las herencias familiares en 2027. El senador Saúl Monreal, hermano del gobernador de Zacatecas y del coordinador de los diputados federales, anunció que buscaría la candidatura estatal al señalar: “… que no haya temores, porque no hay ni debe haber ningún lineamiento ni estatuto que esté por encima de la voluntad del pueblo…”.
3. Designaciones anticipadas: el coordinador de los senadores del PVEM, Manuel Velasco, presentó a la senadora Ruth González Silva (esposa del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo) como favorita para competir por la gubernatura de esa entidad: “… aquí está la que va arriba en las encuestas…”. Esto pese al veto del gobernador a la llamada “Ley Esposa” aprobada por el Congreso local para que en 2027 solo las mujeres pudieran competir por la gubernatura, en congruencia a la defensa que ha hecho la presidenta de México de acabar con el nepotismo.
Por otro lado, el ex coordinador de los senadores de Morena, Adán Augusto López, destapó a la senadora Andrea Chávez como futura gobernadora de Chihuahua: “… la senadora va a ser candidata y va a ser gobernadora…”, ignorando los procesos internos del partido y provocando la reacción del alcalde morenista de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, quien aspira a ser candidato, recordando que en esa entidad “… el pueblo manda y la gente es la que va a decidir. No va a decidir un senador que ni siquiera vota en Chihuahua…”.
4. Fricciones entre grupos políticos: de los 17 estados que renovarán su gobierno, 12 los encabeza Morena y algunos llegarán divididos por sus propios mandatarios. Ejemplo de ello es Campeche, donde la gobernadora ha presentado desacuerdos con los legisladores locales de su propio partido, originando que el Congreso estatal restaurara el fuero constitucional para los diputados eliminado en 2016.
A esto se suma la polémica desatada tras la aparición del libro “Ni venganza ni perdón” de Julio Scherer Ibarra, donde el autor y el coordinador de asesores del Gobierno Federal, Jesús Ramírez Cuevas, se han visto involucrados en una serie de acusaciones que abren una herida profunda en el núcleo cercano al movimiento.
El ejercicio del poder desgasta, pero la percepción de incongruencia puede erosionar la credibilidad. La distancia entre discurso y práctica es un desafío recurrente en los gobiernos con amplias mayorías.
La Cuarta Transformación arriesga su consolidación y abre la puerta a una posible fractura que la debilite. Controlar el presupuesto y las estructuras no le garantizará la aprobación mayoritaria en 2027.
Si el movimiento no transita del “patrimonialismo” a la madurez institucional, el proceso electoral del próximo año será el primer gran ajuste de cuentas de una ciudadanía que sabe que, en política, la unidad no se decreta: se cultiva.












