El therianismo ha ganado visibilidad en redes sociales como una forma de expresión identitaria entre algunos adolescentes. Especialistas señalan la importancia de comprender el fenómeno desde sus distintas dimensiones: social, emocional y digital.
En los últimos meses, plataformas como TikTok han amplificado la visibilidad de adolescentes que se identifican como therians: jóvenes que se graban corriendo en cuatro extremidades, utilizando máscaras, orejas o colas, y que afirman sentir una conexión profunda —emocional, simbólica o espiritual— con un animal específico.
Para algunos se trata de una estética digital más, una tendencia que combina performance, creatividad y comunidad. Para otros, es una vivencia identitaria que describen como el “despertar” de su “teriotipo”, término con el que nombran al animal con el que se identifican —frecuentemente perros, lobos, zorros o felinos—.
El fenómeno no es completamente nuevo, surgió en la década de los noventa, en espacios reducidos de adultos que exploraban identidades alternativas. Lo que sí es nuevo es su exposición masiva en el ecosistema algorítmico actual, donde cualquier práctica minoritaria puede volverse viral en cuestión de horas.
Identidad adolescente en la era digital
La adolescencia es, por definición, una etapa de búsqueda. La pregunta: ¿quién soy?, encuentra hoy respuestas no solo en el entorno familiar o escolar, sino también en comunidades digitales que ofrecen etiquetas, narrativas y pertenencia.
Diversos estudios académicos han señalado que la identificación therian puede entenderse desde distintos ángulos: para algunos jóvenes es una forma simbólica de autodescripción; para otros, un espacio de comunidad; y en ciertos casos, puede coexistir con condiciones emocionales como ansiedad, depresión o experiencias de despersonalización. Sin embargo, especialistas en salud mental advierten que no toda expresión identitaria alternativa constituye, por sí misma, un trastorno clínico.
Ahí radica la importancia de no simplificar el fenómeno.
Riesgos reales que no deben ignorarse
Un enfoque equilibrado obliga también a reconocer posibles riesgos. En el plano emocional, la exposición pública en redes sociales puede derivar en ciberacoso, burlas o estigmatización. La adolescencia es una etapa particularmente sensible a la validación social, y el rechazo digital puede tener consecuencias profundas en la autoestima.
En el plano físico, algunos jóvenes practican “quadrobics” —movimientos en cuatro extremidades— sin preparación técnica, lo que podría ocasionar lesiones en muñecas, codos o columna si se realiza de manera intensiva y sin supervisión.
Pero quizá el riesgo más complejo no sea la práctica en sí, sino el contexto en el que ocurre: un entorno digital donde la pertenencia puede depender de la radicalización de la identidad y donde los algoritmos tienden a reforzar contenidos similares, amplificando nichos y percepciones.
Entre el juicio y la escucha
Más que vigilar cada tendencia emergente, el reto para los padres de familia y educadores es fortalecer los vínculos fuera de la pantalla. Cuando los adolescentes encuentran espacios seguros de escucha, validación y diálogo, disminuye la necesidad de buscar refugio exclusivo en comunidades virtuales.















