La Auditoría Superior de la Federación (ASF), encabezada por su titular Aureliano Hernández Palacios Cardel, puso en marcha un nuevo modelo de auditorías integrales que, de acuerdo con la institución, representa un cambio de paradigma en la historia de la fiscalización superior en México.
El esquema sustituye la revisión fragmentada —centrada en obras, contratos o programas aislados— por una evaluación que examina a cada ente público en su conjunto.
Bajo el modelo anterior, una dependencia podía ser objeto de revisiones enfocadas en algunos proyectos específicos. Con las auditorías integrales, una sola revisión conjunta el cumplimiento normativo, la gestión financiera, el ejercicio de los recursos públicos y los resultados obtenidos por la institución fiscalizada.
La ASF subrayó que el cambio no reduce la fiscalización, sino que amplía de manera significativa su cobertura. Los contratos, obras, procesos y programas siguen siendo revisados, pero ahora dentro de una evaluación que abarca la totalidad de la operación institucional.
Donde antes la revisión podía concentrarse en proyectos puntuales, ahora será posible fiscalizar de forma integral el conjunto de obras, programas, procesos y recursos de cada entidad.
De esta manera, por primera vez una sola auditoría permitirá conocer el estado integral de una institución pública, con una visión completa de su desempeño, del ejercicio de los recursos y del estado que guarda su administración.
El planteamiento de fondo de la institución es que la solidez de la fiscalización no se mide por el número de auditorías, sino por su alcance, profundidad y cobertura. En esa lógica, la ASF sostiene que el nuevo esquema la fortalece: fiscaliza más gasto, con mayor profundidad, para que ninguna parte de la operación pública quede fuera de revisión.
El objetivo último de este modelo, enfatizó Hernández Palacios Cardel, es el combate a la corrupción. Al revisar de manera articulada la totalidad de la operación de cada ente, las auditorías integrales permiten detectar con mayor claridad irregularidades, desvíos y redes de opacidad que una revisión fragmentada podía pasar por alto. Se audita más y mejor, en suma, para cerrarle el paso a la corrupción.









