A horas de que se discuta la reforma electoral en la Cámara de Diputados, la presidenta Claudia Sheinbaum mantuvo su postura de no pedir al Partido del Trabajo (PT) y al Partido Verde de México (PVEM) que voten a favor de la iniciativa.
En su conferencia matutina, aseguró que no solicitará nuevamente el respaldo de los partidos aliados para aprobar la reforma electoral impulsada por su gobierno. No, cada quien que decida”.
Pese a ello, la presidenta insistió en que corresponde a los legisladores decidir el sentido de su voto, sin que ella tenga que hacerles un exhorto.
“Yo, como les dije, yo cumplo con la gente. Ya vimos la encuesta, más de 80% está de acuerdo con que los diputados de representación proporcional sean elegidos directamente por la gente”.
“Más del 80% está de acuerdo en reducir los montos que se dedican a partidos políticos y a la elección. Es decir, la gran mayoría del pueblo de México está de acuerdo con la propuesta que envié. Yo cumplí, ya depende de los diputados cómo van a ejercer su voto”, reiteró.
La iniciativa presentada por el Ejecutivo propone modificar el sistema de representación legislativa y reducir el financiamiento público a los partidos políticos, cambios que forman parte de la agenda de reforma político-electoral del actual gobierno.
Durante su declaración, la presidenta reiteró que la responsabilidad del Ejecutivo fue presentar la propuesta, mientras que la decisión final corresponde al Poder Legislativo.
La reforma electoral de Sheinbaum es rechazada por el PVEM, principalmente, que se posiciona en contra de reducir el financiamiento a los partidos y de disminuir los diputados plurinominales, es decir, aquellos que no se eligen en las urnas, sino que asignan los partidos según el número de votos que consigan.
A pesar de los intentos de negociar con ambos partidos, hasta ahora se mantienen reacios a dar su aval a la enmienda, que necesita unos 334 votos para ser aprobada en la Cámara baja.
Pero Morena solo cuenta con 253 votos, por lo que necesita a sus dos aliados y, además, enfrenta la posible creación de un frente opositor que vote en contra de la reforma.













