A través de las redes sociales se reciben un sinnúmero de videos, principalmente de creadores de contenido donde aconsejan a sus seguidores ir a un lugar, hacer alguna actividad, comprar un producto o simplemente les brindan tips sobre cuidados personales: qué hacer para tener la piel perfecta, un cabello sedoso o un cuerpo definido.
Muchos de esos tips se convierten en una obsesión para el seguidor y lo llevan a probar rutinas, remedios caseros o adquirir tratamientos y artículos con la creencia de que al utilizarlos lograrán verse como él o ella les dice o como lo que aparentan o lucen.
Hoy los influencers son un factor determinante para que el skincare (cuidado de la piel) sea una tendencia en la web, la industria cosmética los utiliza para ampliar su mercado y obtener grandes ganancias, así ha encontrado un gran nicho en los pre-adolescentes (9 a 12 años) y adolescentes, quienes se pasan demasiado tiempo en el internet.
De acuerdo a la agencia de investigación Deep Market Insights, los adolescentes de México representaron el 2.47% del mercado global de skincare en 2024, al generar 155.37 millones de dólares en consumo, proyectando que en 2033 llegue a los 239.39 millones de dólares.
No cabe duda de que este grupo es una fuente segura de recursos, gracias a que los creadores de contenido son un espejo para ellos, los seguidores se comparan para asemejar la misma imagen, sobre todo los atrapan cuando les presentan un “antes” y un “después” en la apariencia al utilizar un producto, el cual se hace viral, se agota, generando una necesidad de deseo fuerte entre los jóvenes.
Pero lo que debe preocuparnos es que esa influencia digital ha despertado en los pre-adolescentes y adolescentes (principalmente mujeres) su interés por productos de belleza que tienen componentes no aptos para su piel y que son para uso adulto, como mascarillas, sueros y cremas “anti-edad” que contienen vitamina C, ácido hialurónico, retinol, niacinamida, componentes que no cubren sus necesidades ni son buenos para su edad, al contrario, pueden causar efectos negativos en su cara.
Especialistas de dermatología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile señalan que los menores de edad al dejarse guiar por las redes sociales, usan cremas y tratamientos que les ocasionan irritaciones, enrojecimientos, quemaduras, acné, dermatitis, etc., lo que ha provocado que en ese país crezcan las consultas de menores de 15 años.
Además, al utilizarlos aumentan su autoestima, pero también se obsesionan y se angustian por conseguir resultados, lo que les genera una dependencia emocional hacia las rutinas de belleza y si no se ven como ellos esperan, caen en frustración y depresión.
Todos esos contenidos que consumen los pre-adolescentes y adolescentes aparecen con mayor frecuencia en TikTok, plataforma que más utilizan y la preferida por la industria de la belleza. Según la empresa de marketing InSites Consulting, el 82% de los usuarios interesados en esos productos dicen haber aprendido algo en esa red social y una de cada cuatro personas compró algo después de verlo ahí. Solo por mencionar, en 2025 la tasa de uso de TikTok en México fue del 79.6% (Marketing4eCommerce).
Las redes sociales se han convertido en el oráculo de los más jóvenes y TikTok se ha transformado en “dermatólogo” y “cosmetólogo”, de ahí la importancia de estar al pendiente de lo que consumen los menores de edad. Pero, también, de lo que suben a sus aplicaciones porque ha aumentado el número de mujeres jóvenes que comparten sus videos con sus rutinas.
Para ayudar a los pre-adolescentes y adolescentes, estas son algunas recomendaciones de especialistas de dermatología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile para los padres de familia:
• Fomentar en sus hijos el cuidado que necesitan para su piel, que consiste en lavarse la cara con un jabón suave, usar crema hidratante y aplicar protector solar.
• Evitar productos que contengan ácido glicólico, retinol u otros componentes típicos del skincare para adultos.
• Acudir con un dermatólogo si se tiene problemas en la piel.
• Hablar abiertamente y enseñarles cómo funcionan las redes sociales y sus algoritmos que manipulan sus emociones distorsionando la realidad.
• Acompañarlos y orientarlos para que interpreten los contenidos que consumen, conozcan a quiénes siguen y por qué publican, para tener un pensamiento crítico.
• Dejar de seguir cuentas que generan comparaciones y ansiedad, etc.
Lo más importante es que los menores de edad aprendan a utilizar responsablemente las redes sociales, consumir contenidos que les ayuden a formarse hábitos saludables.
El reto es entender que la perfección física no es un requisito para la aceptación y que la prevención comienza con una conversación abierta sobre la realidad detrás de la pantalla para hacer un uso consciente de la tecnología.












