De inicio, un reconocimiento a los 25 elementos de la Guardia Nacional quienes, en cumplimiento de su deber, perdieron la vida en el operativo contra el líder del Cártel Jalisco Nuevo Generación (CJNG). Este reconocimiento se extiende a cada uno de los integrantes de las Fuerzas Armadas que participaron con honor y valentía, demostrando con determinación la fuerza del Estado en un momento crucial para la seguridad nacional.
Este golpe a la delincuencia organizada, asestado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, abre la puerta para que millones de mexicanos recuperen la confianza en las instituciones de seguridad. Sin embargo, la lucha que hoy encabeza el Ejecutivo Federal requiere no solo de recursos, sino de una voluntad inquebrantable para desmantelar las estructuras de esas organizaciones que han permeado en algunos sectores.
En esta batalla, que se recrudeció hace casi 20 años y que se minimizó durante el sexenio anterior, no puede prevalecer la ausencia de información por periodos prolongados, porque el silencio, ante la evidencia de los hechos, solo genera pánico e incertidumbre en quienes, por desgracia, se encuentran en el lugar donde ocurren las agresiones.
La falta de información oficial inmediata deja una estela de miedo entre quienes se enteran a través de las redes sociales y medios de comunicación, alentando la propagación de rumores que ocasionan temor, enojo y frustración al ver cómo se desmorona la estabilidad y tranquilidad de quienes pierden a un familiar, su patrimonio o su paz.
Al crimen también se le combate con información, porque las organizaciones delictivas juegan deliberadamente con las emociones y percepciones de la gente. Apuestan a la desinformación para generar confusión y lo que se necesita, en esas situaciones de crisis, es generar calma y certidumbre.
Lo que se vivió el pasado domingo tras el operativo en Tapalpa, Jalisco —con 252 episodios de violencia en 20 estados, de acuerdo a los datos del Gabinete de Seguridad—, ocasionó la propagación de mensajes de alerta e imágenes que inundaron el entorno digital: bloqueos de carreteras, vehículos y tiendas envueltos en llamas.
Este escenario fue tierra fértil para viralizar falsos rumores, como la imagen elaborada con Inteligencia Artificial de un avión ardiendo en el Aeropuerto de Guadalajara. Dicho contenido, señalado incluso por la presidenta Sheinbaum, llevó a cientos de pasajeros a creer que estaban bajo un ataque directo.
Esta información falsa rápidamente fue retomada por las redes sociales, lo que evidenció que la guerra que hoy se libra también es mediática.
Pese a la contundencia del golpe operativo, la lección es clara: al Gobierno no se le evaluará únicamente por los delincuentes tras las rejas, sino por su capacidad para devolverle al ciudadano el derecho a vivir sin el asalto constante de la zozobra.
El Estado Mexicano mostró que tiene la fuerza; ahora debe demostrar que tiene estrategia para comunicar y evitar que se distorsione la realidad mediante contenidos manipulados que solo erosionan su estabilidad y la de sus instituciones.












