Lo ocurrido este miércoles en la Cámara de Diputados, representa un punto de inflexión. El rechazo de la mayoría de los integrantes del PT y PVEM a la iniciativa de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, no fue un diferendo ideológico, sino un voto de confianza a las élites partidistas a las que pertenecen. Su objetivo fue claro: conservar los mecanismos que les garantizan el acceso directo al Legislativo, mediante la vía plurinominal y evitar, a toda costa, la reducción de los recursos hacia sus institutos políticos.
Sus votos inclinaron la balanza hacia su sobrevivencia y privilegios, dándole la espalda al oficialismo, fracturando el compromiso de respaldar todas las iniciativas del Ejecutivo. Esta fisura otorgó un respiro a una oposición que se percibe minimizada, aletargada y gris, carente de una brújula estratégica.
La percepción es que estamos ante la consolidación de grupos de poder que se han fortalecido sistemáticamente gracias a sus alianzas con quienes han encabezado el Gobierno en los últimos 25 años. En su momento, el PVEM acompañó al PAN en la Coalición Alianza por el Cambio con Vicente Fox; al PRI en la coalición Compromiso por México con Enrique Peña Nieto. Mientras que el PT lo hizo con Morena en Juntos Haremos Historia con Andrés Manuel López Obrador y en la última elección, ambas organizaciones lo hicieron en Sigamos Haciendo Historia con la actual mandataria, convirtiéndose en actores determinantes.
Los aliados pequeños se volvieron grandes, al encabezar la batalla dentro de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, no permitieron el avance en la discusión sobre las plurinominales y el financiamiento público, manteniéndose firmes. Esta parálisis en las negociaciones evidenció la soberbia, debilidad y falta de pericia política de quienes eran los responsables de construir los acuerdos y consensos. Los operadores políticos no estuvieron a la altura de la coyuntura.
Pero la disputa por mantener esos espacios de poder y recursos no ha terminado, el PVEM, a través de su senador Luis Armando Melgar, lanzó una clara advertencia al afirmar que si Morena intenta modificar el sistema electoral mediante leyes secundarias que desafíen la Constitución, su bancada votará en contra y exigirá a la Suprema Corte de Justicia de la Nación defienda y cumpla con lo que señala la Carta Magna.
En este contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó este jueves el Plan B que enviará la próxima semana al Congreso de la Unión para reducir el costo del sistema electoral.
Valdría preguntarse cuánto le costará al movimiento de la Cuarta Transformación seguir manteniendo esa alianza, porque cuando se afectan los intereses y privilegios de los pequeños pero poderosos partidos, estos mismos erosionan la confianza y lealtad hacia el Gobierno e ignoran al partido oficialista, al saberse vitales para la continuidad del proyecto.
Bajo el cobijo de la 4T, el PT y PVEM se han fortalecido al conquistar bastiones territoriales, el primero lo hizo recientemente en la elección de Veracruz (2025), al pasar de 6 a 28 municipios. Mientras que el segundo gobierna San Luis Potosí y Quintana Roo, entidades donde el Verde Ecologista se prepara para impulsar en 2027 candidaturas propias, como el destape de hace unas semanas que realizó Manuel Velasco, coordinador de los senadores, de su compañera de curul Ruth González Silva en la entidad potosina.
Estas acciones debilitarán la unidad de la Cuarta Transformación en las próximas elecciones, porque hay batallas que los aliados no están dispuestos a perder.
Lucharán por mantenerse como actores clave del sistema político con las ganancias que conlleva, aumentando el costo de la alianza y haciendo a un lado los intereses del Gobierno.














