En medio del álgido debate entre los partidos aliados sobre la reforma electoral -donde no han alcanzado acuerdos en el tema de los plurinominales-, un caso particular encendió a la opinión pública sobre la calidad de la representación legislativa: el diputado morenista Sergio Mayer, quien llegó al Congreso precisamente por la vía de representación proporcional, solicitó licencia indefinida para incorporarse al reality show La Casa de los Famosos de Telemundo.
Esto generó cuestionamientos en las redes sociales y medios de comunicación sobre la ética del diputado, quien deja de lado su compromiso con la ciudadanía y con la institución que representa. Si bien tiene el derecho legal de solicitar licencia, la legitimidad de su decisión queda en entredicho porque deja su curul para ocupar un espacio que le dará mayor exposición, proyección y protagonismo.
Para entender el desdén, basta revisar su productividad. Según datos oficiales de la Cámara de Diputados, desde el inicio de la LXVI Legislatura hasta el 15 de febrero de 2026, Mayer presentó en 17 meses y medio solo seis iniciativas —ninguna de las cuales fue aprobada— y un punto de acuerdo que terminó desechado.
En las sesiones realizadas, votó a favor de 176 dictámenes, ausentándose en la votación de 21 más. Pero lo que más trascendió de su labor fue la organización del homenaje por los 70 años del grupo musical: Sonora Santanera y el baile en el recinto legislativo en octubre del año pasado, mientras el país era testigo del dolor de los damnificados de las intensas lluvias en Veracruz y otros estados.
Labor legislativa que no ha sido gratuita. Calculando los montos autorizados y publicados en los Presupuestos de Egresos de la Federación -2024, 2025, 2026- desde el 1 de septiembre de 2024 al 15 de febrero de este año, recibió un salario bruto de alrededor de 1 millón 850 mil pesos, sin contar prestaciones como aguinaldo, seguros, etc., ni apoyos en telefonía, vehículos y gasolina, entre otros.
Costos que pagaron los mexicanos y que es una inversión pública con nulo retorno social.
Bajo este contexto, resulta imprescindible, como lo ha mencionado la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que la reforma electoral profundice en los criterios de postulación de las candidaturas plurinominales por los partidos políticos, porque el Congreso no puede seguir siendo rehén de cuotas de poder, ni de grupos, ni mucho menos de figuras que, por representar fuerza y popularidad, son incorporadas a sus filas sin que exista compromiso ni profesionalismo.
Cerrar la puerta a quienes ven en el Congreso un trampolín de fama y poder, y no un espacio de servicio.
Morena, como partido gobernante, deberá trabajar en las reglas que respondan a la narrativa presidencial, a lo que se persigue en la reforma electoral y, sobre todo, a controlar y disciplinar a sus integrantes. Lo dijo el coordinador de los diputados morenistas, Ricardo Monreal, al referirse al caso Mayer, su partido “seguramente ahora se esforzará más para revisar los perfiles de aspirantes” y “poner filtros”.
El partido oficial no puede seguir permitiendo que sean sus propios integrantes quienes saboteen la pretendida transformación. Lo que aquí debe pesar es la ética, el compromiso y la honorabilidad de quienes ganan la representación en el Congreso.













