Nuestro país ha atravesado en las últimas décadas una transición demográfica y epidemiológica profunda; vivimos más años, pero también enfrentamos con mayor frecuencia enfermedades crónicas y procesos neoplásicos que exigen respuestas más integrales. En este contexto, el cáncer de mama se ha consolidado desde 2006 como la principal causa de mortalidad por tumores malignos en mujeres mayores de 20 años, lo que nos obliga a fortalecer de manera decidida las estrategias de prevención y detección oportuna.
Frente a este panorama, la respuesta del Estado mexicano ha evolucionado, hoy no solo atendemos la enfermedad, sino que trabajamos para anticiparnos a ella, mediante una política pública que articula la promoción de la salud, el autocuidado, el tamizaje con mastografía, la detección temprana y la atención integral.
Este enfoque implica también fortalecer la educación en salud, por que la detección oportuna comienza con información clara y accesible, con mujeres que conocen su cuerpo, identifican signos de alerta y saben cuándo acudir a los servicios de salud. En ello, el personal sanitario tiene un papel fundamental: acompañar, orientar y generar confianza.
La autoexploración mamaria, realizada de manera mensual a partir de la primera menstruación y la exploración clínica anual a partir de los 25 años, son acciones clave que permiten identificar cambios de forma oportuna, a ello se suma la mastografía de tamizaje, indicada en mujeres de 40 a 69 años cada dos años, que continúa siendo la herramienta más eficaz para detectar anomalías en etapas iniciales.
Para que estas acciones tengan impacto real, es indispensable asegurar la continuidad en la atención, por que detectar a tiempo no es suficiente si no se garantiza el acceso oportuno al diagnóstico y tratamiento, por ello, el fortalecimiento de la red de servicios ha sido una prioridad.
Hoy, México cuenta con una amplia red de mastógrafos en operación en todo el territorio nacional, fortalecida por la labor estratégica de 19 Unidades de Especialidades Médicas para la Detección y Diagnóstico del Cáncer de Mama (UNEME-DEDICAM), espacios diseñados para brindar atención integral, desde el tamizaje hasta la referencia oportuna a tratamiento, incluyendo el acompañamiento emocional.
En estas unidades, los servicios son gratuitos y se brindan con perspectiva de género, lo que permite reducir brechas de acceso y acercar la atención a quienes más lo necesitan, por que abemos que el cáncer de mama no puede prevenirse, pero también sabemos que puede ser curable si se detecta a tiempo, esa es la diferencia entre actuar tarde o a tiempo, entre una enfermedad avanzada o una oportunidad de vida.
El compromiso es claro: fortalecer una cultura de autocuidado, ampliar la cobertura de los servicios y consolidar un modelo de atención que garantice calidad, oportunidad y trato digno en cada etapa del proceso.
Cada mastografía realizada, cada consulta, cada acción de promoción representa mucho más que un indicador: es una oportunidad de cambiar una historia de vida. Es una mujer que puede continuar con su proyecto, una familia que permanece unida, una comunidad que se fortalece.
Hoy, la detección oportuna no es solo una estrategia de salud. Es una política pública que salva vidas, reduce desigualdades y transforma el futuro de nuestro país. Ese es el camino que estamos construyendo: un sistema de salud más cercano, más accesible y más humano, donde la prevención y la atención oportuna marcan la diferencia.
Porque cuando una mujer está bien, todo está mejor.
Teresa Ramos Arreola
Directora General del Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva
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